Uno de los personajes principales
de la película Terminator 2 es t-1000, un robot capaz de transformar a voluntad
partes de su cuerpo de sólido a líquido, y viceversa. De este modo, si una bala
le hace un agujero en el cuerpo, funde el metal de alrededor del orificio y lo
tape. También es capaz de fundirse entero y recuperar su aspecto original
después de ser despedazado.
Esto, por supuesto es pura
ficción, pero podría no serlo en el futuro, ya que existen materiales que en
presencia de un campo electromagnético son capaces de pasar instantáneamente
(en apenas unos milisegundos) de un estado a otro.
Se trata de los fluidos
electrorrelógicos (ER), suspensiones de partículas finas como almidón,
polímeros y cerámicas en un aceite no conductor (como el aceite mineral).
Gracias a sus propiedades únicas, basta con variar la intensidad del campo para
hacer que pasen del estado sólido al estado líquido o incluso a estados
intermedios como el de la miel. Sin embargo, estos fluidos pierden sus
propiedades magnéticas a temperaturas altas según la ley de Curie
M=CB/T
Donde M es la magnetización
resultante, B es el campo magnético medido en tesla, T la temperatura en Kelvin
y C es la constante de Curie, especifica del material.
Aunque se descubrieron a finales
de los años cuarenta y ofrecen numerosas posibilidades prácticas, aun no se
utilizan en el ámbito industrial puesto que se desconocen muchas de sus características.
En presencia de un campo magnético alternativo
estos fluidos son capaces de desprender calor y además reducen en gran
medida la fricción. Podrían, por ejemplo, sustituir a las válvulas de los
motores que alternativamente abren y cierran el paso de la gasolina a la cámara
de combustión de un motor, mejorar el rendimiento de los amortiguadores o
realizar el papel del embrague con mayor rapidez y menor desgaste.
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