En 1974 la Fundación Nobel decidió abrir
En 1974 la
Fundación Nobel decidió abrir algunos de sus archivos. Así supimos que Einstein
fue nominado 62 veces en 12 años. Y no ha sido el que más nominaciones ha
recibido. Arnold Sommerfeld, otro de los padres de la teoría cuántica, fue
nominado 81 veces, pero nunca consiguió la preciada medalla. "La historia
de la ciencia moderna podría ser escrita sin mirar más allá de los nombres de
los premios Nobel de física, química y medicina", escribió un periodista
en 1911. Nada más lejos de la realidad. Al menos en física.
Un comité caprichoso
Dejando a un lado que en sus primeras décadas el Comité
Nobel decidió que la investigación teórica no merecía tanto crédito como la
experimental, para ganar el Nobel es necesario trabajar en áreas que él
considere importantes. Por ejemplo, durante el eclipse de Sol de noviembre de
1919 el astrofísico Arthur Eddington confirmó una de las predicciones más
asombrosas de la relatividad general: la masa de los cuerpos curva el espacio y
ése es el significado de la gravedad. Así se daba el espaldarazo a la segunda
teoría más importante de la historia de la física. Cualquiera hubiera apostado
por Einstein en los Nobel de 1920, pero no se le concedió. El premio recayó en
Charles-Edouard Guillaume por descubrir una aleación de níquel y acero que se
mantenía casi inalterada a pesar de que hubiera cambios en su entorno. Aunque
este descubrimiento fue decisivo para construir instrumentos que midiesen con
altísima precisión, la elección no podía ser más errada.
Einstein, caído en desgracia
Y al año siguiente fue peor. Quien informó a la Academia de
Ciencias sueca del trabajo de Einstein sobre la relatividad fue Allvar
Gullstrand, un profesor de óptica de la Universidad de Uppsala. No entendió
nada, pero se vio en la obligación de negar el premio al alemán. La Academia
conocía el error cometido, pero decidió no otorgarle el premio. Fue al año
siguiente, con la incorporación del profesor de física Carl Wilhelm Oseen,
cuando se le concedió con carácter retroactivo. Pero Ossen no se creía la
relatividad y quería dar un tirón de orejas al genio. Al final Einstein recibió
el Nobel por su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico, algo menor comparado con
la relatividad. Los premios de los últimos 20 años han sido otorgados, casi
exclusivamente, a investigaciones sobre física atómica y nuclear y física de
partículas. Incluso los dos dados a temas de astrofísica son engañosos, pues
tratan de procesos nucleares. Y es que algunas ramas de la física, como la
biofísica o la acústica, están desterradas de la gloria del Nobel. Al menos a
los geofísicos les queda el consuelo del premio Crafoord, que también se
entrega en la Academia de Ciencias sueca. En 2002, este galardón recayó en el
geofísico Dan P. Makenzie, el padre de la Tectónica de Placas, la teoría
central de la geología moderna. El Nobel de física de ese año fue a parar, sin
embargo, a la astrofísica de partículas y de altas energías, la detección de
neutrinos y fuentes cósmicas de rayos X. La diferencia entre ambas contribuciones
es abismal, pero estudiar nuestro planeta no parece ser motivo de
reconocimiento para el Comité Nobel.
Olvidados por todos
La biofísica es otra rama olvidada. Uno de los proyectos más
atractivos, que trata de elucidar el origen de la vida, se centra en la
construcción de una nanoprotocélula artificial que sea capaz de evolucionar
bajo condiciones controladas. En él participan muchos científicos de diversos
países -en España destaca el físico Ricard Solé, de la Universidad Pompeu
Fabra-, pero viendo la trayectoria de los Nobel es dudoso que sea premiado.
Algo parecido ocurre en los medios de comunicación. Nunca aparece la parte de
la física dedicada a medir las constantes universales o a determinar los
patrones de medida. Y eso que nuestro conocimiento del mundo depende de ellos.
También uno de los aspectos de la física menos conocido es el que involucra a
la definición de las unidades de medida. Por ejemplo, mientras que definir un
metro es fácil -la distancia recorrida por la luz en el vacío en 1/299.792.458
segundos-, no ocurre lo mismo con el kilogramo. El modelo es un prototipo de
platino e iridio guardado en una cámara especial de la Oficina Internacional de
Pesos y Medidas. La cosa es tan compleja que como su peso aumenta una parte en
mil millones cada año debido a la suciedad que se acumula en su superficie, el
Comité Internacional de Pesos y Medidas ha declarado que el valor patrón es el
que se obtiene al pesar el cilindro justo después de ser limpiado siguiendo un
determinado protocolo. Otra de las investigaciones poco conocidas se refiere a
los relojes atómicos. A finales de la década de los 90 los mejores sólo
retrasaban un segundo en 300.000 años. En 2004, los británicos del Laboratorio
Nacional de Física anunciaron el desarrollo de otro 300 veces más exacto, algo
fundamental, por ejemplo, para mejorar la resolución espacial del sistema de
posicionamiento global de los satélites.
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