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martes, 16 de diciembre de 2014

Los átomos también hacen sombra


Una unidad de materia tan pequeña como el átomo también tiene sombra, y por primera vez un grupo de científicos ha conseguido fotografiarla usando un microscopio de alta resolución. El hallazgo se publica en la revista Nature Communications y tendrá importantes implicaciones en la física atómica, la computación cuántica y la biomicroscopía.

"No se puede ver nada más pequeño que un átomo utilizando la luz visible", ha explicado Dave Kielpinski, uno de los autores, de la Universidad de Griffith (Australia). Para conseguir fotografiar su sombra, los investigadores aislaron átomos de Iterbio en una cámara libre de fuerzas eléctricas que fueron expuestos a frecuencias específicas de luz. La sombra del átomo se enviaba a un detector y la imagen se captó gracias a una cámara digital acoplada a un microscopio de súper alta resolución. La precisión de este proceso es casi inimaginable. "Si cambiamos la frecuencia de la luz que brilla en el átomo en solo una parte por millón, la imagen ya no puede ser vista", ha indicado Kielpinski.


Más allá de la anécdota, el hallazgo tendrá aplicaciones en numerosos campos científicos. "Estos experimentos nos van a ayudar a confirmar muchas teorías de física atómica y también será útil en computación cuántica", ha afirmado Erik Streed, otro de los autores. La biología también se verá beneficiada, ya que se podrán medir muestras muy frágiles como el ADN, sensible a las radiaciones infrarrojas y ultravioletas. "Podremos predecir la cantidad de luz necesaria para observar procesos en las células sin llegar a destruirlas", ha explicado el investigador.

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¿Es posible transferir información del pasado al futuro?




Aún está muy lejano el día en el que, emulando al famoso `Doc´ de la película Regreso al futuro, construyamos un vehículo que nos permita movernos a lo largo del tiempo. Sin embargo, los avances de la física cuántica nos acercan vertiginosamente a un mundo en el que lo que se ve no es lo que parece y en el que la ficción se convierte en realidad. Ahora, un grupo internacional de científicos en el que participa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha propuesto un experimento para permitir la transferencia de información entre pasado y futuro, aprovechándose de las propiedades del vacío cuántico.

El llamado vacío cuántico es un estado de baja energía en el que no se encuentran partículas físicas tal y como las entendemos, pero que está lleno de ondas electromagnéticas fluctuantes y de partículas virtuales. El vacío se puede cargar de energía y la relación entre las partículas y el vacío es similar a la relación entre las ondas del sonido y la materia por la que se propagan. "Gracias a estas fluctuaciones, es posible hacer que el vacío esté entrelazado en el tiempo; es decir, el vacío que hay ahora y el que habrá en un instante de tiempo posterior, presentan fuertes correlaciones cuánticas", ha afirmado Borja Peropadre, del Instituto de Física Fundamental del CSIC.

En su trabajo, que se publica en la revista Physical Review Letters, los científicos han aprovechado estas correlaciones cuánticas utilizando la tecnología de circuitos superconductores. "Los circuitos superconductores permiten reproducir la interacción entre materia y radiación, pero con un grado de control asombroso. No sólo permiten controlar la intensidad de la interacción entre átomos y luz, sino también el tiempo que dura la misma. Gracias a ello, hemos podido amplificar efectos cuánticos que, de otra forma, serían imposibles de detectar", ha explicado Carlos Sabín, director del estudio.
De este modo, haciendo interaccionar fuertemente dos átomos P (pasado) y F (futuro) con el vacío de un campo cuántico en distintos instantes de tiempo, los científicos han encontrado que P y F acaban fuertemente entrelazados. "Es importante señalar que no sólo es que los átomos no hayan interaccionado entre ellos, sino que en un mundo clásico, ni siquiera sabrían de su existencia mutua", comentan los investigadores.


Esta conexión a través del tiempo se podría emplear en el futuro como memoria cuántica. "Codificando el estado de un átomo P en el vacío de un campo cuántico, podremos recuperarlo pasado un tiempo, en el átomo F. Esa información de P, que está siendo ?memorizada' por el vacío, será transferida después al átomo F sin pérdida de información", ha concluido Peropadre.

El siglo de la relatividad olvidado por el Nobel


El siglo de la relatividad. Olvidados por el Nobel
En 1974 la Fundación Nobel decidió abrir 
En 1974 la Fundación Nobel decidió abrir algunos de sus archivos. Así supimos que Einstein fue nominado 62 veces en 12 años. Y no ha sido el que más nominaciones ha recibido. Arnold Sommerfeld, otro de los padres de la teoría cuántica, fue nominado 81 veces, pero nunca consiguió la preciada medalla. "La historia de la ciencia moderna podría ser escrita sin mirar más allá de los nombres de los premios Nobel de física, química y medicina", escribió un periodista en 1911. Nada más lejos de la realidad. Al menos en física.

Un comité caprichoso

Dejando a un lado que en sus primeras décadas el Comité Nobel decidió que la investigación teórica no merecía tanto crédito como la experimental, para ganar el Nobel es necesario trabajar en áreas que él considere importantes. Por ejemplo, durante el eclipse de Sol de noviembre de 1919 el astrofísico Arthur Eddington confirmó una de las predicciones más asombrosas de la relatividad general: la masa de los cuerpos curva el espacio y ése es el significado de la gravedad. Así se daba el espaldarazo a la segunda teoría más importante de la historia de la física. Cualquiera hubiera apostado por Einstein en los Nobel de 1920, pero no se le concedió. El premio recayó en Charles-Edouard Guillaume por descubrir una aleación de níquel y acero que se mantenía casi inalterada a pesar de que hubiera cambios en su entorno. Aunque este descubrimiento fue decisivo para construir instrumentos que midiesen con altísima precisión, la elección no podía ser más errada.

Einstein, caído en desgracia

Y al año siguiente fue peor. Quien informó a la Academia de Ciencias sueca del trabajo de Einstein sobre la relatividad fue Allvar Gullstrand, un profesor de óptica de la Universidad de Uppsala. No entendió nada, pero se vio en la obligación de negar el premio al alemán. La Academia conocía el error cometido, pero decidió no otorgarle el premio. Fue al año siguiente, con la incorporación del profesor de física Carl Wilhelm Oseen, cuando se le concedió con carácter retroactivo. Pero Ossen no se creía la relatividad y quería dar un tirón de orejas al genio. Al final Einstein recibió el Nobel por su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico, algo menor comparado con la relatividad. Los premios de los últimos 20 años han sido otorgados, casi exclusivamente, a investigaciones sobre física atómica y nuclear y física de partículas. Incluso los dos dados a temas de astrofísica son engañosos, pues tratan de procesos nucleares. Y es que algunas ramas de la física, como la biofísica o la acústica, están desterradas de la gloria del Nobel. Al menos a los geofísicos les queda el consuelo del premio Crafoord, que también se entrega en la Academia de Ciencias sueca. En 2002, este galardón recayó en el geofísico Dan P. Makenzie, el padre de la Tectónica de Placas, la teoría central de la geología moderna. El Nobel de física de ese año fue a parar, sin embargo, a la astrofísica de partículas y de altas energías, la detección de neutrinos y fuentes cósmicas de rayos X. La diferencia entre ambas contribuciones es abismal, pero estudiar nuestro planeta no parece ser motivo de reconocimiento para el Comité Nobel.

Olvidados por todos

La biofísica es otra rama olvidada. Uno de los proyectos más atractivos, que trata de elucidar el origen de la vida, se centra en la construcción de una nanoprotocélula artificial que sea capaz de evolucionar bajo condiciones controladas. En él participan muchos científicos de diversos países -en España destaca el físico Ricard Solé, de la Universidad Pompeu Fabra-, pero viendo la trayectoria de los Nobel es dudoso que sea premiado. Algo parecido ocurre en los medios de comunicación. Nunca aparece la parte de la física dedicada a medir las constantes universales o a determinar los patrones de medida. Y eso que nuestro conocimiento del mundo depende de ellos. También uno de los aspectos de la física menos conocido es el que involucra a la definición de las unidades de medida. Por ejemplo, mientras que definir un metro es fácil -la distancia recorrida por la luz en el vacío en 1/299.792.458 segundos-, no ocurre lo mismo con el kilogramo. El modelo es un prototipo de platino e iridio guardado en una cámara especial de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas. La cosa es tan compleja que como su peso aumenta una parte en mil millones cada año debido a la suciedad que se acumula en su superficie, el Comité Internacional de Pesos y Medidas ha declarado que el valor patrón es el que se obtiene al pesar el cilindro justo después de ser limpiado siguiendo un determinado protocolo. Otra de las investigaciones poco conocidas se refiere a los relojes atómicos. A finales de la década de los 90 los mejores sólo retrasaban un segundo en 300.000 años. En 2004, los británicos del Laboratorio Nacional de Física anunciaron el desarrollo de otro 300 veces más exacto, algo fundamental, por ejemplo, para mejorar la resolución espacial del sistema de posicionamiento global de los satélites.


Fuente: http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/el-siglo-de-la-relatividad-olvidados-por-el-nobel

¿Puede fotografiarse un átomo?


molcula-pentaceno
La respuesta es sí. En 2009, a través de un Microscopio de Fuerzas Atómicas (AFM), científicos del laboratorio de IBM en Zúrich (Suiza) lograron visualizar por primera vez los átomos que forman una molécula. En Kharkov, Ucrania, se fue un paso más allá y se consiguió ver directamente la estructura de un solo átomo, comprobando muchos supuestos de la física cuántica.


La fotografía de una molécula de pentaceno (C22H14), publicada en la revista Science, en agosto de 2009, constituyó todo un hito para la Física y la Química. Gracias al AFM sito en Zurich, se pudieron observar los átomos de los cinco anillos de benceno que componían la molécula en concreto. La elección precisa del pentaceno respondía a su consideración de materia susceptible de ser utilizada en nuevos semiconductores orgánicos. El logro supuso un claro avance en la investigación en nanotecnología y el desarrollo de la electrónica molecular.

Casi de forma simultánea, investigadores del Instituto de Física y Tecnología de Kharkov, en Ucrania, tomaban una fotografía de un átomo de carbono. En ella se podía apreciar la nube de electrones que conforman su estructura. Se trataba de la primera vez que se conseguía ver directamente la estructura de un átomo con semejante detalle. Con ello, además, se confirmaban no sólo las predicciones de la física cuántica sino también la corrección de la forma en que se venían representando los átomos desde los años 80. Según se comprobó, el átomo, más que un punto, es una nube de electrones de carga negativa que orbitan alrededor del núcleo, de carga positiva y compuesto por protones y neutrones.

Albert Einstein

Albert Einstein sigue siendo una figura mítica de nuestro tiempo; más, incluso, de lo que llegó a serlo en vida, si se tiene en cuenta que su imagen, en condición de póster y exhibiendo un insólito gesto de burla, se ha visto elevada a la dignidad de icono doméstico, junto a los ídolos de la canción y los astros de Hollywood.

Sin embargo, no son su genio científico ni su talla humana los que mejor lo explican como mito, sino, quizás, el cúmulo de paradojas que encierra su propia biografía, acentuadas con la perspectiva histórica. Al Einstein campeón del pacifismo se le recuerda aún como al «padre de la bomba»; y todavía es corriente que se le atribuya la demostración del principio de que «todo es relativo» a él, que luchó encarnizadamente contra la posibilidad de que conocer la realidad significara jugar con ella a la gallina ciega.

Albert Einstein nació en la ciudad bávara de Ulm el 14 de marzo de 1879. Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas familias procedían de Suabia. Al siguiente año se trasladaron a Munich, en donde el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las novedades electrotécnicas de la época.


El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: «un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor».

Albert Einstein en 1947
En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia (aumentada desde 1881, por el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara a Milán; Einstein permaneció en Munich para terminar sus estudios secundarios, reuniéndose con sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896, inició sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische Hochschule de Zurich, en donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno. El 23 de junio de 1902, empezó a prestar sus servicios en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta 1909. En 1903, contrajo matrimonio con Mileva Maric, antigua compañera de estudios en Zurich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos respectivamente en 1904 y en 1910. En 1919 se divorciaron, y Einstein se casó de nuevo con su prima Elsa.


Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, y los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De éstos, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m, en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

Einstein con Elsa, su segunda esposa
El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes de los físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que se le concedió en 1921 lo fue exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909, inició su carrera de docente universitario en Zurich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zurich en 1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios. En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El estallido de la Primera Guerra Mundial le forzó a separarse de su familia, por entonces de vacaciones en Suiza y que ya no volvió a reunirse con él.

Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas pacifistas de Romain Rolland. En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una masa en el continuo espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.

Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares. Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó infructuosa y acabó por acarrearle el extrañamiento respecto del resto de la comunidad científica

Einstein tocando el violín, una de sus aficiones favoritas
A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su soledad se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos, en donde pasó los últimos veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton, ciudad en la que murió el 18 de abril de 1955.

Einstein dijo una vez que la política poseía un valor pasajero, mientras que una ecuación valía para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la amargura por no hallar la fórmula que revelase el secreto de la unidad del mundo hubo de acentuarse por la necesidad en que se sintió de intervenir dramáticamente en la esfera de lo político. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Paul Wigner, y convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, se dirigió al presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación sobre la energía atómica.

Luego de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, se unió a los científicos que buscaban la manera de impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un gobierno mundial a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Pero sus propuestas en pro de que la humanidad evitara las amenazas de destrucción individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular amalgama de ciencia, religión y socialismo, recibieron de los políticos un rechazo comparable a las críticas respetuosas que suscitaron entre los científicos sus sucesivas versiones de la idea de un campo unificado.

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sábado, 12 de julio de 2014

La invisibilidad



Existe innumerables películas en el que hay personajes con la capacidad de hacerse invisible y aun mas en los libros o comics. La pregunta seria si es posible hacerlo realidad.

Ha habido evidencia de que es posible Este 'manto' de invisibilidad es el primer dispositivo capaz de ocultar objetos dentro del espectro de luz visible y es el resultado de una investigación publicada en la revista 'Nature Communications'. Los responsables del descubrimiento son un grupo de científicos de la Universidad Birmingham (Inglaterra) liderados por Shuang Zhang, con la ayuda de la Universidad Técnica de Dinamarca y la colaboración de sir John Pendry, del Imperial College de Londres.

Cómo funciona

El dispositivo que hace desaparecer pequeños objetos -como alfileres o clips- se compone de dos cristales de calcita, un mineral que se da de forma natural. Una de las propiedades de la calcita es la polarización de la luz. Cuando un rayo de luz incide en la calcita se desdobla en dos rayos, polarizados en direcciones perpendiculares y con velocidades diferentes.

Los científicos colocaron dos prismas de calcita unidos en forma piramidal por la parte superior y emplearon oro para favorecer la reflectancia. Como resultado, los elementos colocados entre los dos cristales de la pirámide desaparecen. Los rayos de luz polarizada son refractados y el observador ve 'desaparecer' los objetos. Abracadabra, 'magia' del siglo XXI.

Un largo camino hacia la invisibilidad

Desde 2006 la Física ha logrado grandes avances en este campo de estudio. Entonces, el pistoletazo de salida corrió a cargo de un grupo de científicos liderados por sir John Pendry, quienes describieron una técnica llamada óptica de transformación. Esta técnica permite controlar la luz y otras ondas electromagnéticas de modo que los expertos podrían diseñar materiales que desaparecieran ante nuestra vista.

El equipo liderado por Zhang ha continuado la búsqueda de la invisibilidad con ayuda del propio Pendry, aunque el 'manto' de invisibilidad aún requiere más investigación y desarrollo.

Uno de los mayores inconvenientes del nuevo descubrimiento de Zhang y sus colegas es que, aunque el artilugio oculta objetos, el artefacto en sí es totalmente visible. No obstante, el científico de la Universidad de Birmingham explica que tal vez se pueda cubrir de alguna manera en el futuro. De hecho, pruebas de laboratorio han demostrado que bajo el agua el invento de calcita pasa casi completamente desapercibido.
Otras limitaciones del 'manto' de invisibilidad consisten en que sólo funciona con luz polarizada, sobre una superficie fija y las calcitas tienen que ser bastante más grandes que el cuerpo que pretenden ocultar.

Perspectivas de futuro

Los investigadores creen que el éxito cosechado hasta la fecha abre la puerta a que próximamente los expertos puedan esconder objetos más grandes, como componentes militares.
Otra aplicación más mundana, pero posiblemente mucho más popular, podría estar en la industria cosmética. Las calcitas podrían ocultar pequeñas manchas e imperfecciones de la piel, según indica Shuang Zhang.

La teletransportación ¿ciencia ficción o ciencia real?



El ritmo de vida que llevamos en la sociedad actual nos obliga a “movernos rápido”. Todo el tiempo tratamos de viajar de un lugar a otro a la mayor velocidad posible, y para ello recurrimos a diferentes medios de transporte, desde autos y trenes, hasta barcos y aviones. ¿Pero qué tal si pudiésemos reemplazar ese “movernos rápido” por un “movernos instantáneamente”? Eso es básicamente lo que nos plantearía la realidad del teletransporte. Se ha ha visto en un monton películas y libros de ciencia ficción.

La capacidad de transportar al instante a una persona o un objeto de un lugar a otro sería sin lugar a duda una tecnología capaz de cambiar el curso de nuestra civilización. No solo quedarían completamente obsoletos todos los medios de transporte mencionados, así como todas las industrias que sirven y en las que se basan dichos sistemas, sino que también se abrirían las puertas a nuevas tecnologías increíblemente avanzadas, incluso algunas que ni somos capaces de imaginar. ¿Pero qué tanto de ficción y qué tanto de realidad hay en el teletransporte?

De acuerdo a lo que hemos visto en materia de ciencia ficción (por ejemplo, en series como “Star Trek”), la forma más común de teletransporte funcionaría de la siguiente manera. En primer lugar, se desarma a una persona (u objeto) en una ubicación específica, átomo por átomo. Luego, se convierten todos esos átomos en una corriente de energía. A continuación se irradia dicha corriente de energía hacia la ubicación de destino. Y por último, se ensamblan todos esos átomos que conforman a la persona, de la misma manera, en la ubicación de destino.

Si nos ponemos a pensar un poco en ello, el cuerpo de una persona está compuesto por billones de billones de átomos. Y por cada uno de ellos, debería reproducirse con total exactitud su posición, la posición exacta y el spin de cada electrón, cada una de las estructuras moleculares, y al mismo tiempo, las formas en que todo esto interacciona entre sí, como se están moviendo, como están vibrando, todas las velocidades exactas y muchos etcéteras.

En la serie de ciencia ficción “Star Trek” los protagonistas utilizan el teletransporte todo el tiempo. En un principio, esto fue incluido en la serie porque no se contaba con el presupuesto necesario para recrear los despegues y aterrizajes de las naves en los planetas.

Aunque parezca una tarea prácticamente imposible de llevar a cabo, en principio no existiría ninguna limitación física natural por la cual no pudiese realizarse. Después de todo, si podemos efectuar dicho procedimiento con un único átomo (y más adelante veremos que puede hacerse y se ha hecho) no debería haber una limitante natural que nos impida hacerlo con un objeto macroscópico, como un ser humano. Lo que si existen, por lo menos en la actualidad, son limitaciones tecnológicas que nos impiden poner todo esto en práctica.

Una de las principales limitaciones tecnológicas se relaciona con la capacidad de almacenamiento de información. Al momento de convertir todos los átomos del cuerpo de una persona en energía, debería almacenarse toda la información relativa a cada uno de estos, para poder recuperarse nuevamente en el lugar de destino. El problema es que el teletransporte de una sola persona generaría miles de millones de terabytes de información. Para darnos una idea más exacta, si procediéramos a almacenar toda la información de una sola persona en diferentes discos de un terabyte cada uno, obtendríamos una cantidad tal de discos como para llenar 500 millones de edificios del tamaño de Empire State con ellos.

También podría existir una problemática tecnológica relacionada con la conversión de materia a energía. Como bien sabemos, y según fue expresado por la famosísima ecuación de Einstein “E=MC²”, la materia y la energía son la misma cosa, e incluso pueden transformarse y convertirse la una en la otra. Aunque parezca increíble, algo tan inofensivo como una galleta, podría contener tanta energía como una bomba atómica. La clave es cuán rápidamente dicha energía es liberada, lo cual en física se conoce como potencia, equivalente a energía por unidad de tiempo. Entonces, la conversión de la masa de un ser humano promedio a energía daría como resultado 40 veces la energía liberada en la más grande de las explosiones atómicas. Sin el medio tecnológico apropiado para controlar esta situación, el  teletransporte podría resultar catastrófico.

La famosa ecuación de Einstein, que permite determinar la energía contenida en un objeto, multiplicando su masa por la velocidad de la luz al cuadrado.
No menos importantes serían los problemas éticos o filosóficos que plantearía el uso del teletransporte. ¿Qué es lo que se obtiene del otro lado al llevar a cabo el proceso de teletransporte? ¿Es la misma persona, o solamente una réplica cuántica perfecta? ¿Se está desarmando a la persona y armándola en otro lado; o acaso se la está desarmando, almacenando la información y luego creándola de cero nuevamente usando dicha información? ¿El teletransporte estaría matando al individuo y luego creando una copia exacta del mismo; o de alguna forma lo preserva y luego lo transporta a otro lado? Mientras se mantengan sin contestar, todas estas preguntas plantearían profundas cuestiones éticas y filosóficas.

Algunas de estas cuestiones éticas se exploran en la novela “Pensar como un dinosaurio” de Patrick Kelly. En esta historia una mujer es teletransportada a otro planeta, pero se produce un problema con la transmisión. En lugar de ser destruido el cuerpo original, éste permanece inmutable, con todas sus emociones intactas. De repente, hay dos copias de la misma mujer. Por supuesto, cuando se le dice a la copia que entre en la máquina de teletransporte para ser desintegrada, ella se niega. Esto crea una crisis, porque los fríos alienígenas, que proporcionaron inicialmente la tecnología, ven esto como una cuestión puramente práctica para “equilibrar la ecuación”, mientras que los humanos emotivos son más afines a la causa de la mujer.


Hasta ahora hemos analizado el modo de funcionamiento y algunas limitaciones prácticas del teletransporte, pero siempre especulando y recurriendo más a la ficción que a la realidad. Tratemos entonces de dar un salto, dejando la mera especulación y la ciencia ficción a un lado, y pasemos a hablar de ciencia real, llevando el teletransporte a la realidad. Analizaremos a continuación algunas cuestiones sumamente extrañas de la física, tanto que incluso llegaron a sorprender al propio Einstein, y veremos que nos dice cada una de ellas acerca del teletransporte.

En la película “El Gran Truco” (The Prestige) el protagonista consigue teletransportarse utilizando corrientes electromagnéticas. Pero lo que sucede en realidad es que la máquina crea un duplicado de sí mismo, por lo que debe suicidarse cada vez que efectúa el procedimiento.

La mecánica cuántica a favor del teletransporte

Seguramente han oído hablar o han leído acerca de la (tan malinterpretada) mecánica cuántica. Esta rama de la física, que representa un gigantesco avance con respecto a la física clásica newtoniana, plantea muchas situaciones sumamente exóticas, algunas de las cuales incluso se contradicen radicalmente con nuestro sentido común.

Uno de los principios fundamentales de la mecánica cuántica es lo que se conoce como la dualidad onda-partícula, la cual desbarató completamente nuestra forma previa de observar el mundo atómico. Previo al desarrollo de la mecánica cuántica, los físicos (y químicos) solían considerar al átomo como una unidad compuesta por un núcleo (formado por protones y neutrones) y una serie de electrones girando en torno a dicho núcleo en órbitas establecidas. Con el desarrollo de la mecánica cuántica, los físicos descubrieron que dichas “órbitas establecidas” no existían; en cambio, los electrones actuaban como ondas y hacían saltos cuánticos en sus movimientos aparentemente caóticos dentro de los átomos.

Otra de las exóticas propiedades de la mecánica cuántica es lo que se ha dado en conocer como el principio de incertidumbre de Heisenberg. Según este principio, no se puede conocer a la vez la velocidad y la posición exacta de un electrón, ni se puede conocer su energía exacta medida en un intervalo de tiempo dado. Sumado a la dualidad onda-partícula, este nos impide conocer la posición exacta de los electrones que orbitan al núcleo; solo podemos encontrar diferentes intensidades de onda y hablar de la probabilidad de encontrar un electrón concreto en cualquier lugar y cualquier instante de la misma.

De acuerdo a la mecánica cuántica, los electrones no se mueven en orbitas fijas, sino que existen zonas donde hay mayor o menor probabilidad de encontrarlos.
Si tomamos en consideración la dualidad onda-partícula y el principio de incertidumbre, la mecánica cuántica nos dice entonces que en el nivel cuántico se violan todas las leyes básicas de sentido común: los electrones pueden desaparecer y reaparecer en otro lugar diferente, y también pueden estar en muchos lugares al mismo tiempo. De esta forma, los electrones podrían experimentar a nivel cuántico algo muy similar al proceso de teletransporte.

Mientras que para los electrones resulta sumamente sencillo, incluso natural, desaparecer en un lado y reaparecer en otro, trasladado a escalas macroscópicas la posibilidad de que esto mismo suceda es increíblemente remota. Aunque dicha posibilidad existe y está permitida por las leyes físicas, habría que esperar un tiempo muchísimo mayor que la edad del Universo para que ocurriera. Además, en un cuerpo humano formado por billones y billones de átomos, incluso si los electrones están danzando y saltando en su viaje alrededor del núcleo, hay tantos de ellos que sus movimientos se promedian. De hecho, a grandes rasgos, esta es la razón por la cual en nuestro nivel las sustancias parecen sólidas y permanentes.

Si bien todos estos fenómenos son sumamente interesantes y nos permiten pensar que las leyes naturales del Universo no prohíben el teletransporte, lejos se encuentran de las formas de teletransporte que nos serían útiles. Veamos entonces que otras alternativas tenemos.
A niveles cuánticos, el teletransporte no viola ninguna de las leyes fundamentales de la física conocida. ¿Podrá aplicarse de la misma manera a otros niveles superiores?

La "fantasmal" acción a distancia

Traten de imaginarse un fenómeno tan exótico y bizarro, que el propio Einstein tuvo que recurrir a la palabra “fantasmal” para describir a grandes rasgos su funcionamiento. El fenómeno al que me refiero se conoce como entrelazamiento cuántico, y es una de las propiedades más extrañas de la mecánica cuántica. Tan extraña es que solamente algunos pocos “elegidos” consiguen comprender realmente las complejísimas matemáticas detrás de dicha propiedad.

Explicado de forma sencilla, el entrelazamiento cuántico funciona de la siguiente manera. En primer lugar se deben tomar dos electrones (o partículas subatómicas) en estado de coherencia, es decir, que cuenten con las mismas propiedades y vibren al unísono. Luego, aunque dichos electrones sean separados por inmensas distancias, incluso distancias tan grandes que la luz no consiga viajar de un electrón al otro, estos permanecerán en sincronización ondulatoria, y cualquier modificación que se realice sobre las propiedades de uno de los electrones, se reflejará instantáneamente en el otro electrón remoto.

Incluso si las partículas se encuentran separadas por años luz de distancia, seguirá existiendo una onda invisible que las conecta, como si hubiese algún tipo de conexión profunda que las vincula. El mismo Einstein solía denominar a este fenómeno, de forma burlona, como una "fantasmal acción a distancia”.
A través del fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico, dos partículas separadas por increíbles distancias pueden mantenerse coherentes entre sí.

En la década de 1980, un equipo científico de Francia probó experimentalmente este fenómeno utilizando dos detectores separados por 13 metros de distancia y midiendo los espines de fotones emitidos por átomos de calcio. Increíblemente, los resultados concordaron por completo con la teoría cuántica: aun estando separados, cuando se modificaban las propiedades de uno de los fotones, dicha modificación se reflejaba instantáneamente en el otro fotón, como si algo desconocido los mantuviese unidos y comunicase esa información entre ellos.

En el año 1993, científicos de IBM demostraron que era físicamente posible teletransportar objetos, al menos a nivel atómico, usando el entrelazamiento cuántico. En realidad lo que se transporta no es el objeto en sí, sino toda la información contenida dentro del mismo. Desde entonces los físicos han conseguido teletransportar fotones e incluso átomos enteros utilizando las propiedades del entrelazamiento cuántico, en lo que se ha dado a conocer como “teletransporte cuántico”.

Básicamente, el método del teletransporte cuántico funciona de la siguiente manera. Se empieza teniendo dos átomos, A y C. Supongamos que queremos teletransportar la información del átomo A al átomo C. Entonces introducimos un tercer átomo B que inicialmente se entrelaza con C, de modo que B y C son coherentes. Entonces ponemos en contacto al átomo A con el átomo B. A explora B, de modo que la información de A pasa a B y se entrelazan en el proceso. Pero puesto que B y C estaban originalmente entrelazados, la información de A ha sido transferida a C. En conclusión, el átomo A ha sido ahora teletransportado al átomo C, es decir, su información es exactamente la misma.

Con la utilización de este método se han logrado increíbles avances recientes en relación con el teletransporte. En el año 2004 físicos de la Universidad de Viena teletransportaron partículas de luz a una distancia de 600 metros. En el mismo año, se consiguió el teletransporte cuántico no de fotones de luz, sino de átomos reales (puntualmente tres átomos de berilio), lo cual nos acerca a un dispositivo de teletransporte más realista y útil. En el año 2006 se logró otro avance espectacular: el primer teletransporte de un objeto macroscópico. Un equipo de físicos consiguió entrelazar un haz luminoso con un gas de átomos de cesio, el cual involucraba billones y billones de átomos. Luego codificaron la información contenida dentro de pulsos de laser y fueron capaces de teletransportar esa información a los átomos de cesio a una distancia de casi medio metro.

Teletransporte sin entrelazamiento cuántico

Debido a que lograr un estado de entrelazamiento cuántico entre objetos plantea inmensas dificultades, los físicos comenzaron a explorar otras posibilidades para el teletransporte de objetos sin la necesidad de recurrir al entrelazamiento. En el año 2007, finalmente se consiguió desarrollar un nuevo esquema de teletransporte, basado en un nuevo estado de la materia denominado “condensado de Bose-Einstein” (o BEC).
En la naturaleza se puede encontrar la temperatura más fría en el espacio exterior, la cual corresponde a 3°K por encima del cero absoluto (esto se debe al calor residual del Big Bang que aún llena el Universo). En cambio, un BEC se encuentra a una millonésima de milmillonésima de grado sobre el cero absoluto, lo más que podemos acercarnos a este último. Cuando un objeto se enfría hasta alcanzar casi el cero absoluto, todos sus átomos se ponen en el estado de energía más baja, de modo que comienzan a vibrar al unísono y se hacen coherentes entre sí.

Representación gráfica de las transiciones que ocurren hasta alcanzar el nuevo estado de la materia denominado “condensado de Bose-Einstein” (o BEC).
El nuevo dispositivo de teletransporte funcionaría entonces de la siguiente manera. Se toma un conjunto de átomos de rubidio super-fríos en un estado BEC. Entonces se aplica al BEC un haz de materia, también compuesto por átomos de rubidio. Estos últimos átomos también “quieren ponerse” en el estado de energía más baja, así que ceden su exceso de energía en forma de un pulso de luz. Este haz de luz, que contiene toda la información cuántica de la materia original, se envía a través de un cable de fibra óptica. Por último, el haz de luz incide sobre otro BEC, que transforma el haz de luz en el haz de materia original.
Este nuevo método de teletransporte es sumamente prometedor, puesto que se evita el complicadísimo entrelazamiento de átomos. De cualquier modo, las cosas no son tan sencillas como parecerían: este método también tiene sus problemáticas, principalmente por depender de las propiedades de los BEC, que son muy difíciles de recrear en el laboratorio.

Hemos analizado tanto ficciones como realidades concernientes al teletransporte. Sabemos que actualmente se requieren los laboratorios y el instrumental más avanzado del mundo para teletransportar tan solo algunos átomos. Los físicos confían que en las próximas décadas se pueda realizar el teletransporte de objetos más complejos, como moléculas o incluso algún virus.

Como hemos visto, no existe ninguna limitación física natural que impida teletransportar a una persona real, como se muestra en la ciencia ficción, aunque los problemas técnicos que debemos superar para ello son realmente gigantescos. Es por esto que probablemente pasen muchos siglos, o incluso un tiempo mayor, antes de que puedan desarrollarse las tecnologías necesarias para teletransportar objetos cotidianos. Aún así, cuando ese momento llegue, sin lugar a duda representará una de las revoluciones más asombrosas experimentadas por toda la humanidad.

Líquidos a sólidos a voluntad




Uno de los personajes principales de la película Terminator 2 es t-1000, un robot capaz de transformar a voluntad partes de su cuerpo de sólido a líquido, y viceversa. De este modo, si una bala le hace un agujero en el cuerpo, funde el metal de alrededor del orificio y lo tape. También es capaz de fundirse entero y recuperar su aspecto original después de ser despedazado.



Esto, por supuesto es pura ficción, pero podría no serlo en el futuro, ya que existen materiales que en presencia de un campo electromagnético son capaces de pasar instantáneamente (en apenas unos milisegundos) de un estado a otro.

Se trata de los fluidos electrorrelógicos (ER), suspensiones de partículas finas como almidón, polímeros y cerámicas en un aceite no conductor (como el aceite mineral). Gracias a sus propiedades únicas, basta con variar la intensidad del campo para hacer que pasen del estado sólido al estado líquido o incluso a estados intermedios como el de la miel. Sin embargo, estos fluidos pierden sus propiedades magnéticas a temperaturas altas según la ley de Curie

M=CB/T

Donde M es la magnetización resultante, B es el campo magnético medido en tesla, T la temperatura en Kelvin y C es la constante de Curie, especifica del material.



Aunque se descubrieron a finales de los años cuarenta y ofrecen numerosas posibilidades prácticas, aun no se utilizan en el ámbito industrial puesto que se desconocen muchas de sus características. En presencia de un campo magnético alternativo  estos fluidos son capaces de desprender calor y además reducen en gran medida la fricción. Podrían, por ejemplo, sustituir a las válvulas de los motores que alternativamente abren y cierran el paso de la gasolina a la cámara de combustión de un motor, mejorar el rendimiento de los amortiguadores o realizar el papel del embrague con mayor rapidez y menor desgaste.

Bosón de Higgs




Los científicos del centro de investigación CERN, en Suiza, presentaron el miércoles sus últimos hallazgos en la búsqueda del bosón de Higgs, una partícula subatómica clave en la formación de estrellas, planetas y eventualmente de vida, tras el Big Bang de hace 13.700 millones de años.

¿QUÉ ES EL BOSÓN DE HIGGS?

Esta partícula es la última pieza que falta en el Modelo Estándar, la teoría que describe la formación básica del universo. Las otras 11 partículas que se predecían en el modelo ya se han encontrado, y hallar el Higgs validaría el modelo. Descartarla o encontrar algo más exótico obligaría a revisar nuestra comprensión de cómo se estructura el universo.

Los científicos creen que en la primera billonésima de segundo tras el Big Bang, el universo era una gran sopa de partículas avanzando en distintas direcciones a la velocidad de la luz, sin ninguna masa apreciable. Fue a través de su interacción con el campo de Higgs como ganaron masa y, con el tiempo, formaron el universo.

El campo de Higgs es un campo de energía teórico e invisible que invade todo el cosmos. Algunas partículas, como los fotones que componen la luz, no se ven afectadas por él y por lo tanto no tienen masa. A otras las cubre, produciendo un efecto similar al de los cereales reunidos en una cuchara.
Esa partícula es teórica, y su existencia fue propuesta en 1964 por seis físicos, entre los que estaba el británico Peter Higgs.

Su búsqueda comenzó a principios de los 80, primero en el ahora cerrado colisionador de partículas Tevatron del Fermilab, cerca de Chicago, y más tarde en una máquina similar en el CERN. La investigación se intensificó a partir de 2010, cuando se puso en marcha el Gran Colisionador de Hadrones del centro europeo.

¿QUÉ ES EL MODELO ESTÁNDAR?

El Modelo Estándar es a los físicos lo que la teoría de la evolución es a la biología. Es la mejor explicación que ha encontrado la física sobre cómo se estructuran los elementos que forman el universo. Describe 12 partículas fundamentales, gobernadas por cuatro fuerzas básicas.

Pero el universo es un enorme lugar y el Modelo Estándar sólo explica una pequeña parte de él. Los científicos han identificado una distancia entre lo que podemos ver y lo que debe haber ahí. Esa distancia debe llenarla algo que no comprendemos por completo, a lo que han bautizado como “materia oscura”.

Además, las galaxias se van distanciando unas de otras más deprisa de lo que deberían según las fuerzas que sí conocemos. Esta otra incógnita la explica la “energía oscura”.
Se cree que la materia y la energía oscura, de las que entendemos muy poco, suponen el 96 por ciento de la masa y la energía del cosmos.

Confirmar el Modelo Estándar, o quizá modificarlo, sería un paso hacia el santo grial de la física, una “teoría de todo”, que incluya la materia oscura, la energía oscura y la fuerza de gravedad, que el Modelo Estándar tampoco explica. Además, podría arrojar luz sobre ideas aún más esotéricas, como la posibilidad de los universos paralelos.

El portavoz del CERN, James Gillies, ha dicho que al igual que las teorías de Albert Einstein desarrollaron y construyeron sobre la obra de Isaac Newton, el trabajo que hacen ahora los miles de físicos del CERN tiene el potencial de hacer lo mismo con la obra de Einstein.

¿Por qué es tan importante encontrar el bosón de Higgs?

Aunque encontrar el bosón de Higgs no nos dirá todo lo que necesitamos saber acerca de cómo funciona el universo, llenará un enorme agujero en el Modelo Estándar que ha existido durante más de 50 años, según los expertos.

“El bosón de Higgs es la última pieza que falta en nuestra actual comprensión de la naturaleza más fundamental del universo”, dijo Martin Archer, un físico del Imperial College de Londres, a CNN.

"Sólo ahora con el LHC seremos realmente capaces de tachar ese pendiente y decir: 'Así es cómo funciona el universo, o al menos creemos que así lo hace".
“No es el punto culminante, pero en términos de lo que podemos decir prácticamente sobre el mundo y cómo es el mundo, realmente nos dice mucho”.

Gordon Kane, director del Centro Michigan de Física Teórica, agregó que encontrar evidencia del bosón de Higgs sería un “éxito maravilloso de la ciencia y de las personas durante cuatro siglos”.

¿Por qué el bosón de Higgs es llamado la partícula de Dios?

El popular apodo de la esquiva partícula fue creado por el título de un libro escrito por el Premio Nobel de Física, Leon Lederman, según se dice contra su voluntad, ya que Lederman dijo que quería llamarla Goddamn Particle (Partícula Maldita por Dios), porque “nadie podía encontrar esa cosa”.

“'Partícula de Dios' (God Particle) es un apodo que no me gusta”, dice Archer. “No tiene nada que ver con la religión; la única similitud (teórica) es que estás observando algo que es un campo que está en todas partes, en todos los espacios” (y no lo puedes ver).